C. de San Juan Bautista

EL CONVENTO DE SAN JUAN BAUTISTA

(Madres Agustinas Recoletas)

        El Licenciado don Luis Velázquez, Visitador General del obispado de Plasencia y Vicario Eclesiástico de la villa de Medellín funda a sus expensas, y con sus propias rentas, heredadas de la familia Velázquez, este convento. Para ello redacta testamento ante el escribano de la villa, Juan Cortés, el 4 de Febrero de 1626. En él se dota con importantes propiedades y rentas a esta fundación y se detalla la compra tres casas en la calle de San Francisco para tal efecto.

         D. Alonso de Vázquez, ejecutor testamentario de su tío D. Luis, acometió las obras con celeridad concluyendo la obra en un breve plazo. El 26 de Febrero de 1631 él mismo diría la primera misa, en la Iglesia del Convento.

      El número de religiosas de este convento fue siempre reducido. En 1803 hay una relación firmada por la priora, que detalla nominalmente once religiosas de velo negro y tres de velo blanco (postulantes). Varias hijas de esta villa profesaron en él.

        Además de los bienes fundacionales, el convento tenía, para sostenimiento de sus religiosas:

  • Un molino en el río Guadiana llamado de "Mariediar", derruido en 1914 para instalar una fábrica de producción Eléctrica.
  • Impuestos sobre ocho casas, dos viñas y dos fanegas de tierra.
  • Nueve fanegas de tierra en el término de Mengabril.
  • Una casa en la calle San Francisco, que después sería comprada para Casa del Curato de la Iglesia de Santiago.

         La Iglesia sólo tenía el altar mayor, con la imagen de su titular -San Juan Bautista-, que fue llevada a la Iglesia de Santa Cecilia.

   A nivel constructivo, la fachada principal de la Iglesia del Convento de San Agustín se abre a la calle Otumba, pudiéndose contemplar su fábrica de mampostería, ábside y contrafuertes.  En el centro se abre la portada (en el lado del evangelio) y en su parte superior, rodeado por un frontón partido, se encuentra un escudo episcopal con decoración barroca:  "... un escudo muy bien labrado, que remata y está cubierto con un sombrero episcopal, todo de piedra granito muy fina". (Eduardo Rodríguez Gordillo, 1916: 176)

     El convento sufriría grandes desperfectos con la estancia de las tropas napoleónicas, tras la Batalla de Medellín. Para hacer frente a los gastos de reparación del convento la comunidad tuvo que vender la casa de la calle de San Francisco citada, y alojarse en otra casa de esta misma calle, mientras duraban las obras de reparación.

      La privación de recursos de las Leyes de Desamortización hizo que durante unos años viviesen estas religiosas careciendo de los recursos mínimos para subsistir. Ello llevó a que el convento se cerrara en 1835 y las religiosas se alojasen con sus respectivas familias.

      Don Agustín Caravane, de nacionalidad francesa, compró todo el edificio (Iglesia, convento y huerta) en 1851. A su muerte, fue comprado por otro ciudadano francés, vecino y casado en Don Benito,  D. José Caralet. En el mismo convento habilitó habitaciones para su servicio, destinando la Iglesia y Claustro bajo a bodega y fábrica de aguardiente.

         Posteriormente, en los años '60 del siglo XX, se amplió y reformó todo el Convento dedicándose a secadero de tabaco. En 1985 todo el convento se derriba, con excepción de la Iglesia, para construir un bloque de viviendas.

       La actual calle Otumba, donde todavía se puede ver la fachada de la Iglesia, se sigue llamando por las personas mayores la calle de las "Madres", en memoria de las religiosas agustinas que habitaron esta casa por espacio de 204 años.

 

LIBRO DE LA FUNDACIÓN

Los Velázquez de Medellín, fundadores del Convento.

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